sábado, 9 de febrero de 2013

LLANOS BERRAL - INTERIOR SALTO CABRERO - 09.02.2013




   Bueno lo de este año no tiene nombre, a ver, el mes pasado cambiamos la ruta por la de éste, por lo que ahora tocaba la del mes pasado, pues no, pues otra vez el pesao este que tanto escribe, ha vuelto a cambiar la rutita y no eran las 10:45 horas, cuando mochilas a la espalda, desde el aparcamiento del área recreativa de los Llanos del Berral, salían en dirección al Salto del Cabrero, Manuel de jerez, que está el tío que se sale, Jesús y su sobrino Jose estrenándose hoy, Pepe que está hecho un figura y los habituales del grupo extremo, Maxi, Miguel, Antonio y un servidor, por supuesto echando en falta a nuestro queridísimo Patxi, que hoy ha tenido que cumplir con obligaciones familiares…
Bien, cogiendo la sendita de los llanos del Berral y dejándola al nada en dirección al Cerro de las Cuevas, que cualquier día de estos pisamos su cumbre, y por un camino increíblemente montañero, pues faldeando este cerro hasta desembocar en el corredor del Boyar y buscar el paso de su arroyo. Hasta aquí, fantástico el sendero por la exuberancia de su vegetación, rincones idílicos y hasta sus pasitos con sal. El paso del arroyo fue inmediatamente descubierto por alguno de los intrépidos Falsos llanos que hoy venían, cruce simpático y a buscar la conexión con la vaguadita que nos habría de subir a la entrada del Salto del Cabrero. Bueno, ya nos conocéis, como nos parecía la de hoy una ruta no demasiado extrema, pues a perder un poquito el tiempo en mira tú que piquito tan simpático, que vaya pedazo de foto pal blog, que oye que parece que esa grieta es factible para llegar al piquito de antes del Salto, que mira que es mejor por la vaguada, que pa eso venimos hoy un grupeto de verdaderos Falsos llanos, que po bueno, que venga, que por qué coño tendría yo que abrir la boca, que quillo este paso tiene mu mala leche, que me estoy acojonando un poco, que si el Migué pasa el tío como si fuese paseando, que  ¡hombre no lo voy “haseyoniná”!, que ahora viene otro más cabrón pero que el Migué está ya en el quinto pino, que si el Maxi me pasa silbando como si tal cosa, que si me está entrando descomposición, que bueno, que po ea, que no miro y palante y a advertir a los chiquillos que nos acompañaban hoy que ni se les ocurriese, pero claro ¿que vosotros habéis subido y nosotros por el sitio de los niños? ni hablar, y dicho y hecho, uno tras otro, como si hubieran estado haciendo pasitos de montaña toda la vida, que quillo vaya susto que nos has metido en el cuerpo para una cagada como ésta. Bueno, bueno, creo que me estoy haciendo mayor, tanto en edad como en prudencia y he pasao hoy tanto miedo cruzando yo el paso delicado, como viéndolo pasar a los más jóvenes. Al Migué y al Maxi ni los nombro porque ya sabemos que son cabras y éstas están en su medio natural…
Po bueno, después de la anécdota que siempre nos pasa en nuestras aventurillas, a terminar de subir al dichoso piquito, a tirar miles de fotos porque las vistas la merecían y con el Salto del Cabrero a nuestros pies, pues a cruzarlo no por donde tol mundo, no, sino por su interior que le tenía yo muchas ganas a esta travesía. Y dicho y hecho a tomar la sendita preciosa que nos internaría en el Salto y a maravillarnos con los inmensos bloques de piedra caídos en el interior de esta enorme grieta, de unos cincuenta metros de ancho y paredes verticales de ochenta,  formada por el movimiento de placas tectónicas durante el Jurásico, hace aproximadamente unos quince millones de años. Pues si, a gozar, a patear, a subirse en los arbolitos el de siempre, a subirse en los piquitos los de siempre y los de siempre a fotografiar a lo bestia para llevarse a casa impresionados en los sensores de sus cámaras lo que previamente ha impresionado nuestras retinas.



Bueno, os preguntaréis que si hoy no comemos, po anda que no ni ná, en el mejor y más idílico sitio de esta grieta, no antes de haber discutido un poco la ubicación más correcta, pues a sacar los bocatas de tortilla, salmón, cañas lomos, fiambreras llenas de filetes empanaos, vinos tintos de marca de una tierra y de otra, vinos olorosos de jerez y de Lebrija???, cervecitas, frutos secos, chocolates, licores varios, sobre todo un orujo fantástico del maxi, que nos dopó a los que lo consumimos y como una bala topabajo, que lo que anuncié en el correo de citación, esto es, lo de hacer de marines, aún estaba por venir y en efecto, la vegetación comenzó a espesarse, nos encontramos con un grupito muy variopinto que subía en sentido opuesto, que al desearles que se divirtieran alguno dijo que si, si, divertirse, que a cualquier cosa llaman diversión y encima voluntaria, que a agacharse tocaban, que cada vez más agachaditos, que si parece que estamos practicando la danza del vientre, que es mejor arrastrarse un poquito, que seguro que el “serpa” este nos ha metío por aquí aunque haya otro camino mejor, que si somos tan solo Falsos Llanos o auténticos Falsos Llanos, que parece que ya se ve luz un poco más adelante, que si pa esta tontería tanta literatura…
Continuar a partir de aquí hasta el nacimiento del arroyo  Hondón, que aunque no haya llovido tanto surgía del suelo con bastante fuerza y caudal, nacimiento que ya vimos el curso pasado cuando lo del castillo Tavizna, pero nada que ver con lo de hoy en exuberancia y caudal. Seguir a partir de ahora por un camino cómodo, volver a cruzar el arroyo del corredor del Boyar un poco más abajo que por donde esta mañana. Vislumbrar lo que nos quedaba to cuesta arriba, que si se nos va a hacer de noche, po que venga un ritmito gracioso en fuerte subida, que bueno, que tor mundo responde, po un poquito más, que mira qué balconcito más chulo a ver si localizo la bajada al castillo, que aquí hay más pinchos que en el infierno, que vaya, que aunque sea al final el “serpa” éste tiene que jugárnosla aunque sea con los pinchos, que venga a ver si pillamos la puesta de sol, que otra vez más cuestecita puñetera después de lo que ya llevamos, que al final vamos a tener que encender las linternas y que pa qué si el coche está ya ahí.
Bueno, pedir disculpas a los que se atreven a acompañarme a la sierra, porque es verdad lo que me dice mi mujé, que no tengo “jartura” en la montaña y que las horas se me hacen cortísimas y los caminos rapidísimos y que por cojones hay que llegar de noche, que vaya jartura de tío. Po bueno, po así soy yo y que aunque no me aguanto ni yo mismo, seguiré subiendo y pateando montes hasta que mis piernas quieran.

Sin más y como siempre:

SALUD Y FALSOS LLANOS.



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