sábado, 18 de mayo de 2013

CORNICABRA - CERRO DEL PILAR - 18.05.2013



Demasiado tiempo se nos había resistido uno de los pocos piquitos que aún no habíamos pisado en nuestra querida Grazalema, el Cornicabra (1289 m), no por su altitud, sino por no ver claramente por donde atacarlo y la enorme dificultad que presentaría el atravesar una zona de muy densa vegetación. Nada, nada, una vez localizado el sitio de atacada y con los permisos correspondientes, pues no eran las 11:15 horas del pasado Sábado, cuando el Antonio y el que escribe, esta vez el Patxi estaba convaleciente de un tirón en la rodilla la semana pasada, mochilas a las espaldas y los cordones bien amarrados por lo que pudiera acontecer, desde la salida del arroyo Bocaleones, en Zahara de la Sierra, pues parriba a lo bestia, tanto por la enorme pendiente, como por la abundante vegetación y casi la ausencia de senderillo que más bien lo íbamos intuyendo. Al poco y aunque la temperatura era bastante fresca, bien sudados ya, llegamos a la altura de las ruinas de la llamada casa de la Camada del Puerco, donde un curioso horno de piedra y latón nos sirvió para hacer algunas fotos y tomar aire. Día extraordinario para andar, pues tanto la temperatura que ha bajado bastante estos últimos días, como el magnífico nublado que llevábamos encima, nos prometía no pasar demasiadas calamidades, claro con respecto a la caló se refiere, que en cuanto al frío ya hablaremos.  De nuevo en movimiento y a superar una de las fortísimas pendientes del día, tanto que había que ir escalando de puntillas para agarrar el más mínimo escaloncito de tierra o piedra para no resbalarte y perder altura, pero las piernas este curso están fortísimas y sin descanso ni ná, toparriba hasta que casi en lo alto, en una paradita para mirar el paisaje, pues por poco me da mi primer yuyu de esta primavera, y es que no aprendo, tengo un pechito que es muy poca cosa, pero unas piernas potentes que me tiran y me tiran hasta que el exceso de oxígeno de las enormes inhalaciones de aire, al parar de pronto me causan mis famosas hiperventilaciones, con sus respectivos mareítos y acorchamientos. Bueno, no fue nada esta vez, tan solo un aviso para que me tomara con más calma la subidita y a disfrutar más del paisaje y fotitos y más fotitos y hasta un venado que se nos cruzó y que si llego a ir mirando pabajo pues me lo pierdo. A ver si la alergia se pasa de una vez y me deja vivir en paz.

Bien y además pues llegamos a lo alto de la enorme y ancha dorsal que separa la garganta Verde de la garganta Seca y su extraordinario bosque mediterráneo, donde hasta los madroños, enebros y sabinas  tienen porte arbóreo y literalmente es impenetrable, menos mal de la existencia de un cortafuegos, por donde circula un senderillo, usado seguramente para el mantenimiento del mismo, nos salvó el paso y nos llevó hasta la misma base del Cornicabra. Ésta última, quizás la parte más bella del recorrido, sin contar las hermosas y excepcionales vistas de la sierra del Pinar, desde este cerro. Po bueno, otro pedazo de pendiente campo a través para poder coronar y de nuevo zigzaguear sorteando destrepes de piedras, moles de rocas y pendientes imposibles hasta dar con la cumbre y maravillarnos de tanta y tanta belleza. Tocaba el segundo desayuno, aunque eran las dos de la tarde, pero habíamos desayunado en el bareto laxante de Montellano y aún aguantábamos y claro, y ahora qué, porque poyaque es tan tempranito, no nos vamos a volver por donde mismo, no, el cerrito del Pilar a tiro de piedra, el día que ni terminaba de abrir ni de cerrarse del todo, aunque las nubes al coger la altura de Grazalema, automáticamente se volvían oscuras y amenazadoras y frente mismo de nosotros, en la cara norte del Pinar, donde los pinsapos, pues venga a llover como corresponde a esta zona y claro, po que si bajamos del mogote que da al sur en la cumbre del Cornicabra donde estábamos, en un plis plas nos cogemos la cordada y el senderillo que divisábamos a nuestros pies y el Pilar está chupao. Sí, sí, pero primero había que bajar y cuando comenzamos a descender entre moles de rocas, pues cada vez lo veíamos más complicado y lo peor sin saber claramente si no tendríamos que volver patrás y realizar en sentido inverso los pasitos delicados que estábamos descendiendo, pero una fotito aquí y una bromita allá para distraer a los que se estaban subiendo más altos de la cuenta, por allí donde las corbatas, pues un último pasito con vuelta y saltito incluido sin mirar pabajo y se acabó la producción excesiva de adrenalina. En efecto, nos sorprendió la senda perfecta y montañera a la que habíamos aterrizado, sin pensarlo dos veces, palante y a ver si había suerte y por supuesto que la tuvimos, pues la senda perfecta nos llevó casi a la cumbre del cerro del Pilar (1294 m) segundo piquito del día.
Bueno, eran ya las cinco de la tarde y aún no habíamos comido, así que con mucha necesidad, este narrador sacó sus viandas y a comer mientras el Antonio sacaba más y más fotos y sus famosas frutas del tiempo, creo que también sacó un pequeño bocadillo, que ya se nos está perdiendo el muchacho, pero no lo recuerdo pues mi necesidad de comer y beber me tenía abducido en esos momentos. Al rato y una vez transformado de nuevo en persona, pues había que bajar, que el frío era intenso y los guantes tuvieron que ser usados. La bajada de nuevo campo a través, infernal  hasta dar con una pista forestal que había de sacarnos de la zona y llevarnos de nuevo al coche que raudo y veloz?  nos llevaría al bareto de Montellano, donde los serranitos gigantes y los tercios de cerveza.
Sin más y hasta la próxima barbaridad, ya fuera del calendario oficial del curso, pues como siempre:

SALUD Y FALSOS LLANOS.



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