viernes, 1 de noviembre de 2013

CRESTERÍA COMPLETA CAMORRO ALTO Y CERRO ÁGUILA - 01.11.2013



Pues sí, la verdad es que no eran las 10:15 horas, cuando los tres miembros más potentes del grupeto extremo de Falsos Llanos, esto es, el Patxi, el Antonio y el que les narra, mochilas a las espaldas, comenzaban la subida de una potente, camuflada y agradecidísima cordada o crestería, como a nosotros nos gusta llamarle, a los pies de nuestro mejor paisaje kárstico andaluz, nuestra sinfonía de piedras o Torcal de Antequera.
Así pues, con un sol espléndido y una mañana fresca pero algo ventosa, comenzábamos el calienta piernas, por una pista de tierra, hasta la base de nuestra sierra de la Chimenea, momento en el que nos internamos por un caminillo de cabras, atravesando un terreno labrado y enfilar toparriba, campo a través, hasta dar con nuestra cresta. Bueno, a partir de aquí, ya sabéis, a disfrutar saltando, pisando y esquivando piedras, rocas y verdaderas moles a cual más simpática. Dar al poco con un paisaje totalmente torcaliano,  fotos a mogollón, tanto de las rocas como del paisaje a nuestro alrededor, el Pico Capilla y el Huma a tiro de piedra, piquitos que tenemos la intención de coronar ambos en el mismo día prontísimo, equilibrios sobre las rocas, fotos de impacto y hasta grabación in situ, y en total directísimo, de un paso delicado para enseñar a nuestros seguidores y seguidoras y animar a que nadie trate de seguirnos, excepto que sea un auténtico Falso Llano, el Migué y el Maxi, que lo son, están más missing que un zorrito que se nos apareció y desapareció en un plis plas…
Bien, un refresquito en una terracita a modo de balcón inigualable, y palante a seguir pateando rocas, roquitas y rocotas. Al poco, por fin, llegamos a la zona donde acaban varias de las vía ferratas que existen en la zona. Impresionantes tú, pocas veces he pasado un vértigo imaginario, tan real, como al ver los diminutos escaloncitos, en forma de U, hechos con gavilla de construcción y un cablecillo de acero para sujetar el mosquetón. Las paredes, totalmente verticales y posiblemente de más de cincuenta o cien metros de caída, más la pendiente extrema después de la roca, hasta la base de la montaña, y una de las vías, hasta con pendiente extraplomada, como dicen ellos, es decir, cuando tienes que aguantar tu peso con los brazos…. Bueno, con más miedo que otra cosa, fotos a las ferratas, recorrido de algunas de las terracitas donde finalizan las mismas y hasta indicaciones a un par de escaladores que no daban con el inicio de una de las vías. Los tajos y farallones que las rocas hacen en este punto, sencillamente impresionantes y para quedarte sobrecogido y empequeñecido ante tanta belleza y grandiosidad.

A todo esto, el Patxi se nos había escapado toparriba, él solito, mientras el Antonio y yo bicheábamos las vías y teníamos que darle caza, pa que no se emocionara demasiado, que el tío últimamente está que se sale, así que mochilas a las espaldas de nuevo y a seguir trepando y trepando hasta llegar a nuestro vértice geodésico (Camorro Alto: 1378 m) tan ansiado y tan temido a la vez, pues el llegar significa que las emociones se van acabando, pero sí, sí, hasta aquí no somos los primeros que hemos recorrido esta bella dorsalita, no, pero realizar además la bajada por la parte Este, que nosotros sepamos, íbamos a ser los primeros, así que comida en condiciones, cervecitas para reponer líquidos y sales y traguito de vino para seguir produciendo adrenalina, que aún no sabíamos la falta que nos iba a hacer.

De nuevo a seguir sorteando rocas, ahora de bajada, con lo que el castigo a nuestras rodillitas comenzaba un día más, y que siempre que podamos por la arista, po que quién dijo miedo, po que parece que es viable la bajada, que acércate al borde a ver si hay paso o damos un rodeíto, que vaya pedazo de chimeneta gigante y muy abierta, pero con una pendiente atroz, que ya bajo yo, que quillo, que toma la cámara y me grabas bajando, que dame, que la suelta demasiado pronto y se me resbala, que la veo caer al suelo como a cámara lenta, que nos quedamos sin respirar viendo cómo la puñetera cobra vida propia y salta, y salta otra vez, y que inicia un descenso rápido y seguro de la chimeta , ella sola la tía, por su cuenta y riesgo, que al final de diez o doce metros de caída y saltos libres se detiene en una grietecita, que el Antonio to emocionao dice que como funcione se compra dos como ésa (la cámara en cuestión es del Patxi, una Panasonic TZ 20 y entre él y yo los que hemos provocado el viaje al infinito de la misma) que bajo a buscarla to blanco y angustiao, que la recojo, que la enciendo, que la chapita donde se aloja la batería está abierta, que no sé cerrarla, que la enciendo, que FUNCIONA, que filmo, que el Antonio se va a tené que comprar dos cámaras, por hablar y desconfiar del pedazo máquina que tiene el Patxi, que pabajo y que cuando vemos la bajada que hemos hecho, ni nos lo podemos creer, gracias a la aventura en solitario de la cámara del Patxi. Bueno Antonio, buscaremos alguna oferta por internete y ya vemos lo de la compra.

Y además, pues, que a seguir bajando, que mires otra vez a ver si hay paso Antonio, que parece que sí, pero claro, para las cabras, que pa nosotros es mucho decir, pero que como lo de la cámara aún nos tiene conmocionados, pues a seguir culeando,  sorteando bloques, agarrándote a aristas minúsculas, que mira si al final tenemos que volver a subir, que no, que el Antonio sigue pabajo, que mis pantalones se vuelven a romper, están ya más remendados que los de un cabrero, que otro tironcito, que parece que lo conseguimos y que al final, por supuesto, que llegamos abajo, sanos, salvos y con unos kilitos de menos por lo sudado y padecido durante la larga y fatigosa jornada.
Jornada que aún no había acabado ya que al pasar por el lado del cerro del Águila, pues que vamos a echarle un vistazo y así vemos una panorámica de la hazaña realizada, así que parriba de nuevo y pabajo rapidito que al final la noche se nos echó encima antes de llegar al coche y que raudo y veloz nos llevaría a nuestro pueblete a recuperar sales, proteínas y energías gastadas.
Sin más y hasta la siguiente ruta y como siempre:

SALUD Y FALSOS LLANOS.




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