domingo, 12 de enero de 2014

CRESTERÍA SIERRA DE ESPARTEROS - 12.01.2014



Quería el Antonio hacer doblete este fin de semana, así que no eran las 9:15 horas del Domingo, cuando después de haber desayunado estupendamente en un baretillo de Morón de la Frontera, nos echábamos las mochilas a la espalda y a subir en fuerte pendiente la sierra de Esparteros. Tenemos obsesión últimamente por las cresterías, por lo que nuestra intención era efectivamente hacer toda la cordada de la misma. Mañana fresquita y estupenda para una sudada en condiciones y llegar chorreando a la cumbre: Esparteros (585 m), pequeña altitud pero con un desnivel a superar de 500 metros tó del tirón.
Bueno, pues ya estábamos, a partir de aquí, por rocas y más rocas calizas, a saltar, esquivar, escalar a una velocidad de vértigo, cosa que mi querido compañero Antonio notó rápidamente y percatándose de inmediato del motivo me gritó  “oye, tú lo que quieres es dormir siesta hoy, no??? Y efectivamente, después de la paliza de ayer en Benadalid, pues tenía yo hoy fijación por un par de horitas de siesta reponedora y gratificante. Así que palante, buscando los rinconcitos y balconcitos preciosos que existen siempre en la sierra, fotos a las vistas magníficas, llegada al enorme bocao que la empresa calera de la zona le ha realizado ya a la pobre montaña y entrar por la parte más alta de la cantera a bichear las piedras al descubierto. Ya le quedaba poco a la crestita, así que después de examinar las rocas otro poquito hasta llegar al término de la misma, comernos una frutita al sol de una mañana espléndida y decidir bajar por la cara norte de la sierra haciendo caso omiso del track que llevábamos. Bueno, siempre tiene que haber alguna sorpresita, así que campo a través en fortísima pendiente descendente, a agarrarse a las ramas, a arañarse de lo lindo, a rompernos los pantalones a jirones literalmente y llegar por fin a otra canterita abandonada, rodearla y salir a un caminillo paralelo a la carretera. Nos entretuvimos también en atravesar y observar los numerosos hornos, la mayoría abandonados, de antiguas caleras en la aldeíta de las Caleras de la Sierra, pudiendo comprobar la inmensa actividad que existiría en la zona hace no tantos años, por la abundancia de hornos y de casas de los mismos trabajadores, hoy en día, la mayoría, segundas viviendas.
Llegada muy tempranito al coche, reposición de líquidos en nuestro pueblito y pa casita a comer y dormir la sagrada siestecita dominguera.

Sin más y como siempre:


SALUD Y FALSOS LLANOS.



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