sábado, 7 de junio de 2014

ALAYOS DE DÍLAR (SIERRA NEVADA) - 07.06.2014



Los Tragos Largos no tenemos “jartura”, después de las dos en una de la semana pasada, hoy nos hemos metido en el cuerpo otra ruta sobre humana en una sierra agreste y dura tipo “almijarreño” con sus cominitos en forma de piquitos añadidos, claro está, por el coleccionista de picos del grupeto, osease, el Antonio.
Pues no eran las 9:40 horas, cuando mochilas a las espaldas y después de haber madrugado muchísimo, cuando el Patxi, el Antonio y el que escribe, comenzábamos la fuerte subida desde el área recreativa donde la Casa Forestal de Dílar (Granada), en las mismísimas estribaciones más occidentales de nuestro Parque Nacional de Sierra Nevada, hasta el primer piquito del día, el Picacho Alto (1776 m) con algo más de ochocientos metros de desnivel en cinco kilómetros. Subida a ritmo, buena temperatura, mañana muy clarita y comienzo de la primera de las intensísimas sudadas del día, al principio por un carril muy bueno, a continuación por la rambla de un río seco y por último la primera de varias sendas de alta montaña que hoy íbamos a recorrer, sendas totalmente pirenaicas o alpinas, tanto por su belleza, como desnivel, precipicios y paisajes de alta montaña, la dicha de un buen senderista ¡vamos!  y más contentos que cuando estrenamos botas, pues parriba y parriba y que si subimos a este piquito extra y que bueno, que aún estamos muy frescos, paisaje al momento que nos recordó al Cisne, pico más montañero de la Sierra de la Almijara, en Málaga, y otro tirón hasta conquistar el Picacho Alto. Naranjita reponedora y después de saludar a unos jóvenes montañeros que llegaban dirigirnos por la mismísima cuerda, con senderillo incluido, hasta el Corazón de la Sandía (1885 m). Claro, antes hubo que desviarse para colonizar los Puntales del Tigre y contentar así las ansias coleccionistas de nuestro Antonio, ocasión que aprovechó el anterior grupo para adelantarnos en nuestra subida al Corazón de la Sandía. Nada, nada, uno de los integrantes del grupo amigo, un bicharraco montañero, nos indicó el paso para trepar al Corazón, que no es ni más ni menos que un enorme saliente de piedra, con unas vistas increíbles y que por supuesto conseguimos.
Aquí si paramos y nos tomamos nuestro primer almuerzo en regla del día, aprovechando un arbustillo que allí mismo crecía. Las sudadas iban haciendo mella en nuestras provisiones de líquido, así que nada más terminar el bocata y la cervecita fresquita y por supuesto la mini siestecita obligatoria, se está convirtiendo ya en una costumbre del Patxi y mía, aunque al Antonio le repatee y no haga más que molestar, cariñosamente entendido esto último.



Ahora sí, ahora comenzamos nuestra atacada en regla a los Alayos, enormes picos de rocas a modo de corona lineal muy vertiginosos. Desde un principio con senderillo incluido, pero que llegados al Tajo de la Virgen, pues hubo que abandonarlo para coronar el mismo. Aquí nuestro primer error del día, pues dejamos las mochilas a cargo del Patxi, que casi siempre se niega a realizar los cominitos, y que cuando coronamos el piquito, nos dimos cuenta que la cuerda rocosa era factible, desde aquí hasta el final de la misma, pero claro, no era cuestión de llamar al Patxi y que subiera las tres mochilas él solito, así que no tuvimos otro remedio que bajar de nuevo, recuperar las mochilas y continuar los tres por el senderillo que llevábamos. Dicho senderillo evitaba las cumbres, haciendo de la ruta una caminata súper preciosa y bastante segura, para quien esté acostumbrado a marchas de alta montaña, pero claro, queríamos subir a la cresta como Falsos Llanos mandan y por casualidad, nos pasamos un punto desde el que debíamos de haber subido hacia la cresta. El Antonio iba encantado por la sendilla y al proponerle que había que abandonarla, incluso se quejó oye, quería perderse el trocito más delicado, más vistoso, más montañero y claro, después de ser convencido incluso por el propio Patxi, el mundo al revés, vamos, pues sabéis que los verdaderos Falsos Llanos, nunca dan marcha atrás aunque después nos arrepintamos, así que más chulos que un ocho, por un destrepe muy inclinado y casi a cuatro patas, parribatoduntirón hasta comenzar a arrepentirme de no haberle hecho caso a mi Antoñito o habernos vuelto patrás como aconsejaba el Patxi que de pronto gritó “toy barrancao” quillo ¿hay paso por ahí arriba? Y claro, en estos momentos hay que dar seguridad a los demás, aunque no las tenga todas contigo, y que por supuesto que hay paso, que venga parriba a cuatro patas y largando pabajo toas las piedritas del mundo. Bueno, bueno, nunca he visto a mi Patxi tan seguro de sí mismo entre trepando y escalando por un sitio que mejor no recordarlo, al momento a mi altura y animando al Antonio a que hiciera lo mismo. Una vez salvos los tres, por sitio más fácil conectamos con la cordada y aprovecho desde aquí para comentar que por supuesto me equivoqué al no dar marcha atrás y meter en un lío a mis compañeros de fatiga, pero que como no hay mal que por bien no venga, desde hoy tenemos ya una nueva chapita con el logo: “toy barrancao” y ya van tres, la de hoy y las famosas “yo no subo” y “toy riscao”.


Por fin pudimos terminar de recorrer toda nuestra cordada rocosa, comenzar a bajar y conectar de nuevo con otra senda súper montañera, que al principio atravesaba un pinar, donde de nuevo nos repusimos de los sustillos y de la falta de líquido y palante que eran más de las cinco de la tarde y la vuelta sabíamos que era muy dura.
Normalmente las vueltas son largas pero relativamente cómodas. Hoy no. Hoy la vuelta era un sube y baja rompe piernas canalla, que después de las barbaridades que ya llevábamos encima, nos hizo sufrir más de la cuenta, volver a sudar a lo bestia, no poder disfrutar como el camino y el paisaje lo merecían, pero que poquito a poco, después de salvar varios barrancos cabroncetes, la senda nos depositó literalmente en la rambla seca y pedregosa de un río, que al menos nos amortiguó los pasos y nos aliviaron bastante. La rambla poco a poco se fue estrechando hasta convertirse en un inmenso barranco de paredes altísimas y que después de una curva cerrada nos dejó con la boca abierta al poder contemplar el murallón rocoso de la pared de enfrente, en forma de falla pirenaica y que nos dejó en el cauce mismo del río Dílar. Llevaba mucha agua, por lo que tuvimos que buscar un paso adecuado por encima de unos troncos y llegados a la mini central eléctrica, al poco, de nuevo en el área recreativa donde un barecillo nos rehidrató y deleitó con unas albóndigas de garbanzos tipo marroquí y unas tartaletas de ortigas y espinacas que nos ayudaron a volver a ser personas.
Como siempre la nave que vuela bajito del Antonio, nos devolvió a nuestros hogares sanos y salvos, aunque hoy a altas horas de la madrugada.

Sin más y como siempre:


SALUD Y FALSOS LLANOS.

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