domingo, 14 de abril de 2013

CRESTERÍA SIERRA LAS VIÑAS - 14.04.2013




Pues sí, con nocturnidad y alevosía, el Sábado sin tener intenciones previas y como el que no quiere la cosa, nos pusimos en contacto el Patxi, el Antonio y el que escribe y acordamos darnos un paseíllo el Domingo por la crestería de la Sierra de las Viñas, que aún no habíamos pisado. Dicho y hecho, no eran las 10:00 horas, cuando mochilas a la espalda salíamos desde el área recreativa del Cintillo, en Benaocaz y en fuerte ascensión permanente, dirigirnos a la estribación oeste de la crestería en cuestión.
La mañana extraordinaria, limpia, fresca, presagiando algo de calor, una sudadita permanente mientras nos calentábamos para lo que nos esperaba, en fin, el goce que siempre anhelamos cuando salimos a la sierra. Así que al poco, llegamos a la zona conocida como el Saltadero, desde donde nos enfilamos to tiesos pa la primera cumbrecita de nuestra cordada. La sierra esplendorosa hasta el límite, de verde y vegetación, comenzó a partir de aquí, ya sin senda visible, a obligarnos a saltear piedras y esquivar matorrales, hasta hacer nuestra primera cumbre. Fotos y palante que este año estamos en nuestro punto de forma correcto. Venga bajar, trepar, subir, y vuelta a bajar, trepar y subir, por estas rocas calizas tan fantásticas que tiene nuestra amada Grazalema, que aunque parezca mentira, aún tiene rinconcitos y sorpresas la mar de agradables para estos Falsos Llanos extremos.
A la una del mediodía nuestro segundo desayuno, en uno de los numerosos piquitos del día. A las tres y media nuestro primer almuerzo en condiciones, con bocadillos, cerveza, vino, frutos secos, chocolate y licor de postre. Y a seguir subiendo y bajando que aún quedaba faena. La calor comenzó a hacernos sudar un poco más de la cuenta, como todo el mundo preveía, cuando las lluvias se fuesen, la caló haría acto de presencia, saltándose a la torera esta estación tan bonita que en otros lugares disfrutan y que creo se llama primavera, aunque hace tantos años que no la disfrutamos en Andalucía, que a lo mejor me equivoco. Po nada, nada, otro tironcito y a bichear a lo lejos, pues la cosa se iba poniendo seria y no las teníamos todas con nosotros, pues mientras la vegetación se iba espesando cada vez más, los desniveles que divisábamos a lo lejos, nos acongojaban (acojonar en fino) más de la cuenta. Pero nada, expertos como “semos” en ir dilucidando posibles alternativas o salidas por un sitio u otro, pues palante sin miedo, que ya averiguaremos. En efecto llegados a Los Majanos del Aguilar, o al menos así lo pone en los mapas del IGN, con la Manga de Villaluenga, siempre a nuestra izquierda, decidimos sin más, atacar el último piquito por la izquierda y asomarnos a una inmensa dolina, cubierta entera por un espeso y magnífico bosque de encinas, pero que no teníamos ni idea si iba a poder ser sorteado convenientemente. En otra ocasión, Patxi y yo, tardamos casi dos horas en atravesar por debajo de la vegetación, una zona muy parecida, pero somos extremos, así que a la orden del Antonio de tirar pabajo y atravesar el bosquete en línea recta, pues quién dijo miedo y pa bajo pal bosque. Bueno, nuestra sorpresa fue, que una vez dentro del bosque, que intuitivamente íbamos zigzagueando, pues dimos con una sendita la mar de mona, vimos que el bosque había sido podado en sus ramas bajas recientemente, con lo que la travesía del mismo se convirtió quizás, en la parte más disfrutona y bella de todo el recorrido, aunque sin vistas naturalmente pues era totalmente espeso.
Bueno y sin más, llegada al aparcamiento del puerto de las Viñas, donde el Patxi, ya nos había advertido que posiblemente no estaría el coche ¡vaya! Pues ya que el coche estaba en el otro extremo de la sierra y aprovechando el nuevo bareto en la misma carretera de Villaluenga, pues nos repusimos convenientemente de sales minerales perdidas, de hidratos de carbono y de proteínas, con lo que repuestas las fuerzas, cogimos carretera palante y por la antigua calzada medieval que recorre la manga enterita, sin darnos cuenta de contentos que íbamos, nos tropezamos literalmente con el coche que nos traería de vuelta a casita. Hoy perdonamos el bareto de Montellano, pues además de ser ya muy tarde, al final volvimos casi a las ocho, al día siguiente había que trabajar y no era plan.
Así que hasta la próxima y como siempre:

SALUD Y FALSOS LLANOS.



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